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TODOS ESTAMOS HECHOS DE ESTRELLAS

-Rowan Coleman

“En un solo segundo no puede cambiarse lo que es irreversible”

Sinopsis del libro:

¿Qué pasaría si tuvieras la oportunidad de escribirle una carta de despedida a la persona que amas?

¿Qué le dirías?

Stella Carey tiene buenos motivos para aceptar el turno de noche en el hospital donde trabaja. Casada con un veterano de guerra que ha regresado de Afganistán brutalmente herido, Stella se refugia cada noche en su trabajo, mientras su esposo Vincent se encierra en casa, incapaz de dormir debido al estrés postraumático que padece.

Stella Carey escribe las cartas que le dictan sus pacientes para sus seres queridos (algunas llenas de humor, de cariño y consejos prácticos; otras, impregnadas de arrepentimiento), con la promesa de echarlas al correo después de su muerte.

Hasta que una noche escribe una carta que podría dar a su paciente una última oportunidad de redención, si la entrega a tiempo…siempre se puede volver a empezar.

Para los fans de Jojo Moyes y John Green.

MI RESEÑA 🙂 

Normalmente no hago esto, pero debo confesar que la primera razón que me hizo elegir este libro es ¡La portada! Es absolutamente hermosa y me enamoré de ella desde el momento en que la vi y supe que tenía que leerlo. Es un morado mate salpicado de muchas estrellitas tornasol, las letras están en relieve y también tienen este acabado tan bonito, así que desde el contacto visual empecé a disfrutarlo J

Y empezando a lo realmente importante, la trama: Lo disfruté muchísimo porque tiene muchos elementos que yo suelo buscar en las historias que leo: adversidad, enfermedad, tristeza, incluso muerte (no sé porque casi todos los libros que leo tienen esta última característica), aunque con sus necesarios tintes de esperanza, resiliencia y romance, por lo que me pareció bastante completa.

Es una historia narrada en primera persona a tres voces: las de Stella, Hope, Hugh y un espacio pequeño contado por Vincent.

Stella es una enfermera que ronda en los treinta y pocos que trabaja en el Hospital Marie Francis de rehabilitación y cuidados paliativos, en el turno de la noche, lo cual tiene una razón de peso: Stella puede sentir el rechazo y la aversión que siente su esposo Vincent hacia ella desde que volvió de la guerra de Afganistán, no ha sido el mismo desde que llegó, y no únicamente por la pierna que perdió ahí, sino su esencia y la sensación que le contagia de querer escapar de algo y de querer esconderlo detrás de las borracheras de cada noche que anestesian y le hacen rehuír de ese dolor tan misterioso del que Stella no sabe nada y que Vincent se resiste a compartir.

Stella  ha hecho suya una tarea muy singular en el hospital: los pacientes que sienten que ya están muy cerca del final de la vida y no tienen fuerzas o incluso capacidad para escribir, acuden a ella para que transcriba los pensamientos y las palabras con las que se quieren despedir, con la promesa de que cuando llegue el momento y mueran, Stella les hará llegar esas cartas a las personas que correspondan.

Hay cartas que hacen reír, otras cargadas de arrepentimiento y otras tan tristes que te despiertan las ganas de llorar (cabe mencionar que es extremadamente difícil que un libro me mueva a ese punto de las lágrimas), hay otras llenas de consejos, de recuerdos, de agradecimiento, de disculpas, de esperanza y otras que confiesan secretos…

Me gusta mucho el significado que Stella le da a las cartas, a la importancia y lo especial que es dejar inmortalizadas tus últimas palabras, pensamientos y tus reflexiones para después compartirlas con las personas a las que van dirigidas, me gusta la importancia que les da y el respeto que siente por ellas, quizá porque me identifico con esa sensibilidad hacia las palabras.

En una de esas tantas cartas que confiesan algo guardado durante años, Stella se da cuenta de que la última que escribió guarda un secreto de algo terrible pero que, de alguna manera, se puede arreglar si la entrega a tiempo, aunque el gran inconveniente es que esta paciente no quiere que la carta llegue a manos de su destinatario hasta que el cáncer que padece acabe con ella, por lo que Stella se ve envuelta en una situación moral complicada debatiéndose en cumplir su promesa o hacer lo que ella considera correcto.

Hope es una paciente de 21 años que padece fibrosis quística y aunque su enfermedad es crónica e incurable, no está ahí porque ya esté cerca del final de la vida, sin embargo lo estuvo y por lo tanto permaneció en el Marie Francis mientras se recuperaba y ahí vive su primer gran historia de amor con su amigo Ben, sin embargo lo que la empujó a dar ese paso y considerar vivir intensamente fue conocer a una chica mucho mas joven que ella en el hospital que murió, pero que también tocó sus venas mas sensibles y se prometió a si misma que viviría lo que Issy ya no podría, también me parece un persona muy entrañable y algo exasperante, a decir verdad, porque por su enfermedad ella siempre prefiere estar encerrada en casa y siempre le da mil vueltas a las cosas.

Hugh es un personaje algo nerd, un historiador que trabaja en un museo que conserva objetos muy… peculiares.  Lleva una vida tranquila que el casi siempre considera satisfactoria, en la que casi no se involucra con nadie y cuando lo llega a ser son solo encuentros superficiales, hasta que conoce a Sarah, una mamá soltera muy dulce que tiene un niño de diez años que se siente muy rudo. Al principio es difícil entender cómo es que Hugh encaja en la historia pero mientras avanza todo va tomando forma hasta que se convierte en uno de los elementos clave en la historia, junto con su gato, Jake, un minino soberbio que en las distintas facetas y contextos del libro va cambiando de nombre.

Este es un libro que definitivamente disfruté bastante, es conmovedor y me gusta la sensación de esperanza que te deja mientras lo lees e incluso mucho después de que lo terminas, porque aunque toca temas que a veces queremos ignorar, creo que los aborda con una gran sensibilidad. ¡Me encanto! Debes leerlo 🙂

¡Consíguelo en Bookworm Los Cabos!

 

“A veces hay que aceptar la derrota. A veces, pero no hasta haber luchado hasta el último aliento”

 

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